Nuevo México te recibe con una Ruta 66 que parece haber decidido que aquí todo se hace a su manera. Las viejas gasolineras parecen museos al aire libre, los moteles siguen encendiendo sus neones como si esperaran a los viajeros de los años 50 y cada letrero medio torcido parece soltar alguna historia que nadie se ha molestado en escribir.
En este tramo parece que no pasa nada, pero si te fijas, hay mucho más de lo que parece. Pueblos que parecen echar la siesta pero que tienen murales que te hacen frenar sin pensarlo, tiendas que venden desde sombreros de cowboy hasta matrículas oxidadas y algún que otro local que, si te ve con cara de curioso, te contará cómo era la vida cuando esta carretera lo movía todo. Después de cruzar Texas, este tramo del viaje te demuestra que la Ruta 66 no es solo carretera… es un viaje a base de sorpresas que no estaban en el plan.
Índice
Glenrio
Glenrio, en Nuevo México, es uno de esos lugares que parecen haber perdido la noción del tiempo. Este pequeño pueblo fronterizo, que comparte su historia con Texas, vivió sus mejores días cuando la Ruta 66 estaba en plena forma. Durante años, fue el típico sitio donde los viajeros paraban a repostar, estirar las piernas o pillar algo de comer antes de seguir rodando. Había gasolineras, moteles e incluso un pequeño cine que le daba vida al pueblo. Hoy en día , para los que nos dedicamos a recorrer la vieja carretera, nos quedan las ruinas de un antiguo motel y un destartalada gasolinera.

Tucumcari
Su historia arranca a finales del siglo XIX, cuando este rincón empezó como un asentamiento ferroviario que creció a base de rancheros, comerciantes y algún que otro buscavidas. Durante años fue el típico pueblo del oeste donde las peleas en los salones eran casi parte del día a día, pero cuando llegó la Ruta 66, la cosa cambió.
La carretera madre convirtió a Tucumcari en una parada clave para los viajeros que cruzaban el suroeste. Los moteles, diners y gasolineras se multiplicaron, y el famoso lema “Tucumcari Tonite” (hay hasta un libro llamado así) llenó las carreteras de carteles que prometían un sitio donde descansar después de un día al volante.
- Tee Pee Curios: Una tienda de recuerdos con una entrada en forma de tipi y decoración de carretera clásica.
- Murales de Tucumcari: Tucumcari está lleno de murales, hay como 100 por toda la ciudad. Los tienes todos pinchando aquí.


- Blue Swallow Motel: Uno de los moteles más emblemáticos de la Ruta 66, con su famoso letrero de neón aún en funcionamiento.
- Tucumcari Route 66 Museum: Un museo dedicado a la historia de la carretera en la región. 💰 Entrada: 3$ adultos, 2$ niños.
- Old Tucumcari Gas Station: Gasolinera vintage con su letrero original, perfecta para una parada fotográfica.
Santa Rosa
Santa Rosa es de esos pueblos que nacieron porque alguien tuvo la idea de montar un rancho… y poco a poco acabó creciendo más de lo que nadie esperaba. Allá por el siglo XIX, este rincón empezó a hacerse un nombre gracias a sus fuentes de agua natural, que no solo servían para los animales y los campos, sino que también atrajeron a los primeros colonos que buscaban un lugar donde echar raíces en medio del desierto.
Cuando la Ruta 66 empezó a rugir por sus calles, no tardaron en aparecer moteles, gasolineras y diners que se ganaron la fama de ser parada obligatoria para quien rodaba por esta parte del suroeste.
- Route 66 Auto Museum: Su colección de coches clásicos, desde hot rods hasta muscle cars, es pura nostalgia sobre ruedas, perfecta para perderte un rato entre motores que cuentan historias de la época dorada de la Ruta 66.
Clines Corners
Fundado en 1934, Cliner Corners Travel Center empezó como una pequeña tienda de carretera, pero con el tiempo se convirtió en uno de esos paradores donde puedes encontrar de todo: desde gasolina y café hasta recuerdos imposibles que te preguntas quién compra.
Moriarty

Moriarty , al igual que otros pueblos de esta zona del país, tanto de Nuevo Mexico como de Texas, Fuen fundado por ganaderos y rancheros que se dedicaban a criar vacas. Aunque hoy en día pasa bastante desapercibido, en su época dorada fue una parada habitual para los viajeros de la Ruta 66. Si te mola ese rollo auténtico y decadente que tanto engancha de la carretera madre, es una parada que no decepciona, mas aun si visitas Lewis Antique Auto & Toy Museum, una mezcla entre museo y desguace con juguetes y coches antiguos.
Albuquerque
Albuquerque, en Nuevo México, es de esas ciudades que se las apañan para mezclar historia, rarezas y un toque de locura que te acaba enganchando. Su historia arranca allá por el siglo XVIII, cuando los colonos españoles se plantaron aquí y fundaron la ciudad junto al río Grande. Durante años fue un importante punto comercial, con sus mercados, sus ranchos y ese aire de ciudad del suroeste donde la vida iba a otro ritmo.
Pero cuando la Ruta 66 llegó a Albuquerque, todo cambió. La carretera cruzó la ciudad dividiéndola en dos y convirtiendo sus calles en un hervidero de moteles, diners y neones que parecían competir por ver cuál brillaba más.
El Old Townes es su alma, con calles adoquinadas, casitas de adobe y tiendas que venden desde joyería navaja hasta cerámica tradicional. Pero Albuquerque también sabe tirar de historia en clave rutera, con viejos moteles de neón que siguen brillando como en sus mejores días y diners que parecen sacados de los años 50.

- Puente río Puerco: Aunque ya no está en uso para el tráfico principal, se ha conservado como un símbolo del legado de la Ruta 66 en la región.
- 66 Diner: Un diner de estilo retro con hamburguesas y batidos al más puro estilo americano.
- Historic El Rey Theater: Un antiguo teatro que conserva su fachada original de la época dorada de la carretera.
- Mural de Albuquerque: Un gran mural que representa la Ruta 66 con sus luces de neón y paisajes desérticos.
- Old Town Albuquerque: La parte más antigua de la ciudad, con edificios de adobe y calles empedradas.
- El Vado Motel: Clásico de la Ruta 66 que ha sabido reinventarse sin perder su esencia. Con su icónico letrero de neón y su estilo retro impecablemente restaurado.

Mesita
Mesita es uno de esos rincones diminutos que, aunque apenas aparece en el mapa, forma parte del alma de la Ruta 66. Rodeado de mesetas rocosas y paisajes áridos, este pequeño asentamiento se encuentra en tierras de la tribu Laguna Pueblo, lo que le da ese toque cultural y tradicional que tanto caracteriza esta zona. Habíamos leído que los miembros de la tribu no son muy amigables con los forasteros, y tenemos que decir que no llegamos a bajarnos del coche, nos miraron mal, bastante mal…

Grants
Grants ha pasado por tantas vidas que parece que se ha reinventado mil veces. Nació allá por el siglo XIX como un pequeño asentamiento ferroviario, cuando los colonos llegaron para construir las vías que conectarían esta parte del suroeste con el resto del país. Durante años fue un rincón tranquilo, donde la gente vivía del ferrocarril y de los campos de zanahorias que le dieron fama como la “Capital Mundial de la Zanahoria”… sí, así de curioso.
Pero cuando las minas de uranio aparecieron en la zona, Grants se transformó por completo. El pueblo pasó de ser un rincón agrícola a convertirse en un hervidero de mineros que llegaban buscando fortuna bajo tierra. Y justo cuando las minas empezaron a flojear, la Ruta 66 entró en escena y volvió a darle vida al lugar.
- New Mexico Mining Museum: Un museo dedicado a la historia minera de la región y su conexión con la Ruta 66. 💰 Entrada: 5$ adultos, 3$ niños.
- Mural de Grants: Un mural en el centro del pueblo que muestra la conexión de la ciudad con la carretera.

Gallup
Nació a finales del siglo XIX como un típico pueblo ferroviario, donde las minas de carbón eran el motor del día a día. Lo que realmente hizo especial a este lugar fue la mezcla cultural que se fue creando: aquí convivían nativos americanos, mexicanos, irlandeses, italianos y un buen puñado de aventureros que llegaron buscando trabajo o simplemente una nueva vida. Gallup también es famosa por sus tiendas de arte y artesanía navaja, donde los colores vivos y los diseños tradicionales te atrapan aunque no tengas pensado comprar nada.
- El Rancho Hotel: Un hotel histórico que alojó a muchas celebridades de la época dorada de Hollywood. A nosotros no nos quisieron acoger… Bueno, en realidad estaba completo.
- Gallup Route 66 Mural: Un mural gigante que representa la historia del pueblo y su relación con la carretera. En Gallup hay una ruta de murales que cuentan el pasado de la localidad.
- Glenn’s Bakery: Una panadería de carretera famosa por sus pasteles caseros y café fuerte.

Nuevo México ya quedó atrás, pero este tramo de la Ruta 66 se ha ganado el derecho a ser recordado. Aquí las viejas gasolineras parecen haberse plantado como guardianas del pasado, los neones se niegan a rendirse y hay pueblos que, aunque a primera vista no dicen mucho, acaban sorprendiéndote.
Ahora el viaje sigue hacia Arizona, donde la carretera cambia de ritmo y el desierto empieza a colarse en el retrovisor. ¿Te imaginas recorriendo esta parte de la ruta? ¿Cuál de esos rincones que aún no conoces te despierta más curiosidad? Déjanos tus dudas o expectativas en los comentarios… que aquí, cada viaje empieza soñándolo antes de hacerlo realidad.

